TEOGONÍA DE LA ANTIGUA TRADICIÓN TOLTECA
SELECCIÓN EN BASE A TEXTOS DE FEDERICO GONZÁLEZ FRÍAS, MIGUEL LEÓN-PORTILLA Y ALFONSO CASO
LUCRECIA HERRERA

Con el propósito de seguir dando a conocer a nuestros lectores el rico panteón de la antigua tradición Tolteca, su cosmogonía, su pensamiento y concepción teológica, citaremos algunos extractos de las distintas entradas del Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos de Federico González Frías dedicadas a la Tradición Precolombina, así como algunos textos de Miguel León-Portilla y Alfonso Caso, acompañadas de imágenes extraídas de diferentes códices, sus pinturas, o en algunos casos esculturas y cerámica para, de alguna manera –salvando las dificultades de comprender sus expresiones artísticas– seguir enriqueciendo y ampliado nuestro conocimiento de lo que fueron estas extraordinarias culturas de origen atlante, o sea, herederas de la Atlántida, la mítica “isla de Occidente” de la que habla Platón en el Critias y Timeo; civilización que fue receptáculo de un centro espiritual directamente emanado de la Tradición Primordial, y de la que muchas tradiciones de Occidente se han considerado sus descendientes, como ésta, la Tolteca, asentada en la región centro-norte del vasto continente Americano que se extiende desde el Polo norte al Polo sur, allende las míticas columnas de Hércules, más allá los confines del inmenso mar Atlántico.

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Tloque Nahuaque
En la entrada del Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos dedicada al término Tloque Nahuaque, se dice que:

Según Rémi Siméon en el Diccionario de la lengua Náhuatl o mexicana: "expresión para designar a Dios; lit. el que está cerca de las cosas". Y Fray Alonso de Molina en Vocabulario en lengua castellana y mexicana: "cabe quien está el ser de todas las cosas, conformándolas y sustentándolas: y dícese de nuestro señor dios”.

Miguel León Portilla lo denomina señor del "cerca y del junto" o mejor diremos nosotros del cerca y del dentro. Es un dios invisible e impalpable y que se manifiesta como una dualidad en todo lo creado, por lo tanto también es esa dualidad; y por eso es un dios escondido, abscóndito. Y además es uno de los nombres de Ometéotl.1


Ometéotl
En la base de la concepción teológica tolteca se encuentra un doble principio creador, masculino y femenino a la vez, al que llamaron Ometéotl, que engendró a los dioses, al mundo y a los hombres. Este dios de la dualidad o creador supremo habita en “el sitio de las nueve divisiones” o cielos o “sobre los doce cielos” o en “el treceno cielo”, y va tomando diferentes aspectos al actuar en el universo, según lo ha resumido brillantemente José Luis Martínez en su obra Nezahualcóyotl, Vida y obra:
1) Es Señor y Señora de la dualidad (Ometecuhtli, Omecíhuatl).
2) Es Señor y Señora de nuestro sustento (Tonacatecuhtli, Tonacacíhuatl).
3) Es madre y padre de los dioses, el dios viejo (in teteu inan, in tetu ita, Huehuetéotl).
4) Es al mismo tiempo el dios del fuego (in Xiuhtecuhtli), ya que mora en el ombligo (tle-xi-co: en el lugar del ombligo del fuego).
5) Es el espejo del día y de la noche (Tezcatlanextia, Tezcatlipoca).
6) Es el astro que hace lucir las cosas y faldellín luminoso de estrellas (Citlallatónac, Citlalinicue).
7) Es señor de las aguas (Tláloc), el del brillo solar de jade y la de la falda de jade (Chalchiuhtlatónac, Chalchiuhtlicue).
8) Es nuestra madre, muestro padre (in Tonan, in Tota).
9) Es, en una palabra, Ometéotl que vive en el lugar de la dualidad (Omeyocan).

Ometéotl tiene, además, los siguientes atributos existenciales:

1) Es Yohualli-ehécatl, que Sahagún traduce como “invisible e impalpable”;
2) Es In Tloque in Nahuaque, “El dueño del cerca y del junto”, como propone León-Portilla, o “Cabe quien está el ser de todas las cosas, conservándolas y sustentándolas”, según fray Alonso de Molina Vocabulario en lengua castellana y mexicana, f 148 r), o “Aquel que tiene todo en sí”, según Francisco Javier Clavijero (Historia antigua de México, lib. VI, Cap. 1) o “El que está junto a todo, y junto al cual está todo”, según Garibay (Historia de la literatura náhuatl, t. III, p. 408);
3) Es Ipalnemohuani, “Aquel por quien se vive”, según Clavijero (Ibídem), o el “Dador de la Vida”, como lo traduce Garibay en sus versiones de los cantares nahuas;
4) Es Totecuio in ilhuicahua in tlalticpacque in mictlane, “Nuestro Señor, dueño del cielo, de la tierra y de la región de los muertos”, según León-Portilla;
5) Es Moyocoyani, “El que a sí mismo se inventa”, según León-Portilla.

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Omecíhuatl, Ometecuhtli


Ometecuhtli y Omecíhuatl
Códice Féjérvary-Mayer, pág. 25

Para la cultura náhuatl: principio creador femenino y masculino, Señores de la Dualidad (ome quiere decir dos). Se los considera esposos que habitan en el Omeyocan, la región más elevada de los cielos (el duodécimo cielo, uno sólo por debajo del treceavo donde vive el Ser Supremo, Ipalnemohuani, por el que todo existe, también llamadoTloque-Nahuaque). Son padres de Camaxtli, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. A Ometecuhtli se le representa adornado con mazorcas de maíz y con símbolos de fertilidad, pues es generador de la vida y los alimentos.

2. Esta dualidad es la creadora de todos los dioses y protectora de los hombres.

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Tonacacíhuatl, Tonacatecuhtli


Tonacatecuhtli
Códice Borgia

Tonacatecuhtli. Deidad náhuatl. Significa "señor de nuestra carne o nuestro sustento". Contraparte o polaridad de Tonacacíhuatl "señora de nuestra carne o nuestro sustento". Rostro del Principio Supremo, Ometéotl; más específicamente ligado al cuidado que éste tiene por sus criaturas. La raíz tona, está relacionada con la fertilidad, el nacimiento, el destino y también con la abundancia del verano y el calor del sol. El hecho de que esta deidad sea señor (y señora) de la carne, del nacimiento y del destino, a la vez que de la subsistencia, hace pensar que el náhuatl consideraba al destino como alimento.

Su morada es Tamoanchan, lugar de origen de los hombres, que puede traducirse como "buscamos nuestra morada". Situada al oeste, de donde se decía que venían los niños, e iban también aquellos que morían en la cuna.

Miguel León Portilla en su libro La Filosofía Náhuatl dice:

En relación con los hombres Ometeótl es "nuestra madre, nuestro padre", Tonacatecuhtli, Tonacacihuatl, Señor y Señora de nuestra carne y nuestro sustento, el dador de la vida, que envía a los hombres al mundo, y les mete su destino en el seno materno.

Y cita este texto de los informantes de Sahagún:

Se decía que desde el doceavo cielo / a nosotros los hombres nos viene el destino. / Cuando se escurre el niñito / de allá viene su suerte y destino, / en el vientre se mete, / lo manda el Señor de la dualidad.

Walter Krickeberg en Las Antiguas Culturas Mexicanas dice:

Los aztecas llamaban al dios supremo Tonacatecuhtli, el "Señor de nuestra carne", porque había creado el maíz y todos los demás alimentos que sirven para sostener el cuerpo humano; le dieron una esposa (Tonacacíhuatl), la Señora de nuestra carne, y situaban a la pareja en el cielo supremo desde el cual dejaban gotear las almas de los niños, que entraban en el cuerpo de la madre. La suprema pareja, por ser causante de la procreación y del parto, era también llamada Ometecutli y Omecíhuatl, Señor y Señora de la dualidad. Originalmente no estaban relacionados con determinadas cosas y fenómenos naturales, y no eran objeto de culto propiamente dicho, a pesar de que se les tenía por los creadores de todas las cosas, del cosmos, de los dioses y de los seres humanos.

Los días con cifra 13 –dice Soustelle– eran dedicados a Tonacatecuhtli. Según Orozco y Berra este dios y su mujer habitaban el treceavo cielo. Alfredo Chavero pensaba que de Tonacatecuhtli se derivaba Tonatiuh.

Tenemos ya al sol creador (o primigenio) con el nombre de Ometecuhtli, como vivificador con el de Tonacatecuhtli y como astro con el de Tonatiuh.



Tonacatecuhtli, vestido como Tonatiuh,
el dios del sol, montando el monstruo de la tierra
Códice Laud

Tonacacíhuatl, "señora de nuestra carne o nuestro sustento", contraparte femenina de Tonacatecuhtli, presidía el nacimiento y el parto. Además en la concepción, "mete" el destino en el vientre de la madre.

También se le llama la "vieja madre" y, como las otras diosas análogas, viene de Tamoanchan, situado en el oeste, lugar de la vejez o del "crepúsculo".

A veces se la identifica con Xochiquetzal. Según dice J. Soustelle, los días con cifra 11 le eran dedicados lo mismo que a Citlalinicue, con la que estaba identificada.

Orozco y Berra, en Historia Antigua y de la Conquista de México capítulo II, refiriéndose a la pareja Tonacacíhuatl-Tonacatecuhtli afirma:

El par divino tuvo cuatro hijos. Tlatlauhquitezcatlipuca, que nació todo colorado, divinidad principal de los de Tlaxcala y de Huexotzinco bajo el nombre de Camaxtle; Yayauquitezcatlipuca, quien nació negro, era el principal de sus hermanos y estaba en todo lugar; sabía todos los pensamientos, conocía los corazones, se le llamaba Moyocoya, “que quiere decir que es poderoso o que hace todas las cosas sin que otro le vaya a la mano, y según este nombre no le sabían pintar sino como aire”. El tercero fue Quetzalcoatl o Yahualiecatl; y el cuarto hijo se llamó Omiteotl e Inaquizoatl; los mexicanos le adoraban bajo el nombre de Huitzilopochtli por ser izquierdo; nació sin carnes o con sólo los huesos en forma de esqueleto.
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Tamoanchan


Tamoanchan
Códice Telleriano-Remensis


Hablan los informantes de Sahagún de una remota llegada por la orilla del mar, “por donde ahora se dice Panutla”, o sea las costas de México, a la altura de la moderna ciudad de Tampico. Quienes por allí vinieron a estas tierras llegaron a establecerse en un lugar llamado Tamoanchan, que según los informantes quiere decir, “nosotros buscamos nuestra casa”. (…) Un lugar mítico, origen de dioses y hombres (…). El hecho es que, según esta vieja tradición, Tamoanchan fue el sitio donde floreció por primera vez la cultura, heredada después por los varios pueblos de idioma náhuatl:
He aquí el relato
que solían decir los viejos:
"En cierto tiempo
que ya nadie puede contar,
del que ya nadie ahora puede acordarse…
quienes aquí vinieron a sembrar
a los abuelos, a las abuelas,
éstos se dice,
llegaron, vinieron
siguieron el camino,
vinieron a terminarlo,
para gobernar aquí en la tierra,
que con un solo nombre era mencionada,
como si se hubiera hecho esto un mundo pequeño.

Por el agua en sus barcas vinieron,
en muchos grupos,
y allí arribaron a la orilla del agua,
a la costa del norte,
y allí donde fueron quedando sus barcas,
se llamaba Panutla,
quiere decir, por donde se pasa encima del agua,
ahora se dice Panutla [Pánuco].
En seguida siguieron la orilla del agua,
iban buscando los montes,
algunos los montes blancos
y los montes que humean,
llegaron a Quauhtemalla [Guatemala],
siguiendo la orilla del agua.

Además no iban
por su propio gusto,
sino que sus sacerdotes los guiaban,
y les iban mostrando el camino su dios.
Después vinieron,
allá llegaron,
al lugar que se llama Tamoanchan,
que quiere decir “nosotros buscamos nuestra casa”.

Y en el lugar llamado Tamoanchan
largo tiempo hubo señorío:
después pasó el señorío
al lugar llamado Xomiltepec
y allí en Xomiltepec
se convocaron los señores
los ancianos, los sacerdotes.

Dijeron:
– “El Dueño del cerca y del junto nos ha llamado,
ha llamado a cada uno de los que lo tienen por dios”.
Dijeron:
– “Porque no viviremos aquí,
no permaneceremos aquí,
vamos a buscar una tierra.
Allá vamos a conocer
al que es Noche y Viento,
al Dueño del cerca y del junto”.
2

De Tamoanchan, que puede considerarse de algún modo origen mítico de la cultura en el México central, dicen los textos que pasaron los antiguos pobladores al “lugar donde se hacen los dioses”, a Teotihuacán. Allí iba a surgir el más grande centro ritual, raíz e inspiración, según parece, de muchas de las culturas del mundo indígena posterior.3

Huehuetéotl


Huehuetéotl
Viejo Dios del Fuego
Museo Nacional de Antropología de México

Dios viejo o abuelo entre los antiguos mexicas con todos los aspectos atribuidos a la vejez, Sabiduría, prudencia y en general las virtudes de la ancianidad y la experiencia para estos pueblos.

2. Dios náhuatl "del fuego y del tiempo" o "del fuego y del año". Se identifica con Xiuhtecuhtli "dios antiguo y viejo".

Ya que también ocupa un lugar "central" y porque habita en la quinta dirección arriba-abajo, proyección del eje vertical que desciende desde Omeyocan o cielo más alto, hasta el ombligo de la tierra. Ahí, donde se conjugan el tiempo y el espacio, Xiuhtecuhtli, tendido, observa la acción de los dioses en el acaecer temporal del universo a través de sus cuatro edades o soles y la lucha por establecer un equilibrio central, o quinta edad. Después presta apoyo a la tierra desde su ombligo, o centro de los cuatro rumbos, estaciones solsticiales o direcciones espaciales. Dios solar y del cielo diurno, llamado también "Señor de la Turquesa". A veces se le llama igualmente Ixcozauhqui que significa "semblante amarillo". Su última imagen es Tonatiuh.



Xiuhtecuhtli, "Señor de Turquesa"
Máscara de turquesas
British Museum

3. Ometéotl está relacionado especialmente con su aspecto de "dios viejo", Huehuetéotl:

1. Madre de los dioses, padre de los dioses, el dios viejo.
2. Tendido en el ombligo de la tierra.
3. Metido en un encierro de turquesas.
4. El que está en las aguas color de pájaro azul, el que está encerrado en las nubes.
5. El dios viejo, el que habita en las sombras de la región de los muertos.
6. El señor del fuego y del año.
4

4. Xiuhtecuhtli es identificado también con Huehuetéotl en el Códice Florentino, lib. VI, fol. 34 r, fol. 71. V. También se lo identifica con in tonan, in tota (nuestra madre, nuestro padre) en dicho Códice.

Igualmente se lo asimila a la pareja Ometecuhtli-Omecíhuatl: in teteu inan in teteu ita (madre y padre de los dioses), Códice Florentino, Lib. VI, fol. 148. Lo mismo en la Historia de los Mexicanos por sus Pinturas.

5. Sahagún en su Historia General dice:

Este dios del fuego llamado Xiuhtecuhtli tiene también otros dos nombres el uno es Ixcozauhqui, que quiere decir "cariamarillo"; y el otro es Cuetzalzin, que quiere decir "llama de fuego”.

6. Walter Krickeberg en Las Antiguas Culturas Mexicanas afirma que de los dioses:

El más cercano al hombre era el dios del fuego. Es el "dios viejo" (Huehueteótl) y padre de todos los demás dioses, porque era el primero; pero es al mismo tiempo "Señor de la vecindad próxima" (Tloque Nahuaque), es decir, del presente inmediato, pues vive directamente entre los hombres; su residencia es el hogar, y el tres su número sagrado (las tres piedras del hogar que sostienen el comal y la olla), obviamente relacionadas con el fuego, tienen su origen en tres estrellas reveladoras del milagroso misterio del principio radiante, una deidad materializada en fuego que se expresaba como un sol microcósmico mediante luz y calor para propiciar la vida. Puesto que vive en el ombligo, es decir, en el centro de la tierra, forma el eje del mundo junto con el Ser Supremo en el cielo y el dios de la muerte en el inframundo. Como dios del fuego tiene en los manuscritos pictográficos un rostro mitad rojo, mitad amarillo, con la barbilla de color negro. Pero por lo general no se le llama "el del rostro amarillo", sino Xiutecuhtli, "Señor de Turquesa", de color azul celeste, porque también en este dios se reunieron lo terrestre y lo del cielo; el fuego de la tierra con el celeste (el sol), y la residencia del dios en la tierra con el cielo, azul diurno. Tiene por nahual, pues, a la serpiente de turquesa, y le sirven de adorno las turquesas.

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Tezcatlipoca
Deidad náhuatl, principal de las tribus nahuas de la parte oriental del Valle de México. Dios astral de la oscuridad y del cielo nocturno.


Tezcatlipoca
Códice Borgia, 17 (reconstrucción)

Asimismo numen de los tiempos anteriores a la creación cuando aún era de noche.
Emblema del Polo celeste simbolizado por la Osa Mayor; por ello, se le identificaba con esta constelación. Era tomado por dios principal y viajó junto con Huitzilopochtli en la migración de los aztecas nómadas hacia Tenochtitlan.

Walter Krickeberg en Las Antiguas Culturas Mexicanas dice:

El dios Tezcatlipoca se transformó en el diosMixcóatl y creó el primer fuego con ayuda del taladro en forma de molinillo, porque Mixcóatl reside en el polo celeste, alrededor del cual gira el firmamento entero como el palo en el orificio de la tabla por taladrar al hacer el fuego.

Y agrega en el libro ya citado:

En todo caso, según su significado original, Tezcatlipoca era un dios estelar, hecho que se desprende también de los mitos que relatan su origen. Ya sabemos que se transformó en estrella polar para producir el fuego; en otro mito se convierte en la constelación de la Osa Mayor. En los países tropicales, esta constelación aparece verticalmente en el cielo, y era interpretada por los mexicanos y los mayas como un “hombre de una sola pierna” (Huracán en el idioma de los mayas de las tierras altas). A esto se debe que Tezcatlipoca esté representado en los códices con un pie arrancado. El hecho de que esté dibujado con un espejo humeante o llameante en el sitio del pie arrancado y en la sien, es decir, en ambos extremos de su cuerpo, se debe posiblemente a que se querían indicar los dos lugares del horizonte en que emerge el sol desde el océano y desaparece; pues los mexicanos le daban a una superficie de agua el nombre de “espejo de agua”. Estas relaciones con los fenómenos naturales conformaron para los aztecas las características de Tezcatlipoca por las que lo veneraban tanto como le temían. El era el ojo que ve de noche, al igual que las estrellas, y era por consiguiente juez y vengador de cualquier acto criminal; era omnisciente y omnipresente, severo e insondable. Era el dios que actuaba según su parecer cuyos esclavos somos (titlacahuan) y lleva como símbolo de su capacidad para escudriñar lo escondido el “utensilio para ver” (tlachieloni) –una vara con un disco agujereado en un extremo–. Era un antiguo instrumento de ceremonia que aparece todavía en el culto de los huicholes actuales con el mismo nombre (nierika o instrumento para ver).

En otro nivel, ya creacional, es la faz oscura del reflejo de Ometéotl, siendo su faz clara Tezcatlanexia o “espejo que hace aparecer las cosas”, el sol.

En el principio, Tezcatlanexia-Tezcatlipoca son una pareja de títulos atribuidos a Ometéotl, en cuanto a su actividad diurna y nocturna, como dos aspectos polarizados pero no separados del principio dual supremo. Después, por un primer desdoblamiento aparecen los cuatro Tezcatlipocas como hijos de Ometéotl, que ocuparán las cuatro direcciones del espacio horizontal, o acaecer temporal del universo, cooperando para crear el mundo en el que posteriormente empezará la lucha, por la supremacía del poderío.

Miguel León Portilla en su Filosofía Náhuatl lo dice así:

Identificándose muy pronto el Tezcatlipoca rojo con el lugar del oriente, Tlalpalan la región del color rojo; Tezcatlipoca negro con la noche y la región de los muertos, situada en el norte; Quetzalcoatl, noche y viento con el oeste, la región de la fecundidad y la vida y por fin el Tezcatlipoca azul –personalizado por el Huitzilopochtli azteca en Tecnochtitlán ligado con el sur, la región que se halla a la izquierda del sol.

Tezcatlipoca tenía entre otros títulos sagrados el de Tepochtli, “el joven” y Yáotl, “el guerrero”; es el patrón de los guerreros jóvenes (perpetuamente joven) que ingresaban en el Tepochcalli a la edad de quince años. Presidía también la orden militar de los caballeros-jaguares. Aparece siempre como patrón de la casta guerrera. Más tarde se le identificará con Huitzilopochtli que ya no tiene un simbolismo polar sino solar.

Es interesante señalar que la Osa Mayor (constelación de siete estrellas y encarnación de Tezcatlipoca) simboliza también entre los druidas el poder temporal y la casta guerrera; y se convierte en constelación polar sustituta desde la rebelión de los representantes del poder guerrero contra la supremacía de la autoridad espiritual. En la tradición atlante, la Osa Mayor igualmente es remplazada en su función polar por las Pléyades que son asimismo siete estrellas y que para los griegos eran las hijas de Atlas o Atlántidas o “doncellas de Occidente”.

Las primeras manifestaciones de esta rebelión, en efecto, se remontan más lejos que el comienzo del Kali Yuga, en el período Atlante.5



Tezcatlipoca como Jaguar Cósmico,
en la tercera trecena del Tonalámatl,
con el símbolo de la Osa Mayor en la cabeza.
Códice Borbónico

La mitología Náhuatl coloca siempre a Tezcatlipoca en perenne lucha por usurpar el mando del poder sacerdotal. De hecho es Tezcatlipoca el que en el acontecer histórico, engaña a Quetzalcóatl con sus argucias mostrándole su imagen “corporal” en un espejo, provocando la caída del “sacerdote” o sea, la caída de Tula y el fin de la supremacía de la casta sacerdotal.

Sintetiza el lado sombrío y nocturno de la naturaleza, la noche propicia a los brujos y a los maleficios; él mismo, dios hechicero, ve, en su espejo de obsidiana todos los acontecimientos del mundo. Su nombre significa “espejo que humea”; tézcatl (espejo) popoca (humear). La luna es este espejo humeante cuando está cubierta de nubes.

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Chalchiuhtlatónac, Chalchiuhtlicue


Chalchiuhtlicue
Códice Borbónico 5

Compañera de Tláloc es la diosa del mar y de los lagos, Chalchiuhtlicue, “la de la falda de jade”. (...) La diosa era especialmente patrona del mar Huéyatl, y así los mexicanos designaban al Golfo de México, principalmente a la región de Veracruz, con el nombre de Chalchiuhcueyécatl, “el agua de la diosa Chalchiuhtlicue”, y de todos aquellos que, como dice Sahagún, “tenían sus tratos y granjerías con el agua, como pescadores, fabricantes de objetos de tule, etc.” le rendían constante culto.6


Tláloc
“El señor de las aguas (Tláloc), el del brillo solar de jade y la de la falda de jade Chalchiuhtlatónac, Chalchiuhtlicue)”.



Tláloc
Códice Magliabechi 32

Dios de la lluvia para los aztecas, muy importante en la vida de regiones desérticas, o semidesérticas como es el caso de México, donde sus gotas, como en otras muchas partes del mundo, son asimiladas al esperma por la potencialidad de la fecundación. En las civilizaciones mayas es llamado Chaac, reverenciado con distintos nombres en todas las culturas que han habitado el mundo.

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Dioses del agua y de la vegetación, según Alfonso Caso, “en otra leyenda, Chalchiuhtlicue no era la esposa de Tláloc, sino su hermana. Tláloc tuvo por primera esposa a Xochiquetzal, la diosa de las flores y del “bien querer”, pero le fue robada por Tezcatlipoca (...)
Aunque Tláloc es en general un dios benéfico, está en sus manos la inundación, la sequía, el granizo, el hielo y el rayo, por lo que es también un dios muy temido en su cólera, y para aplacarlo y hacerle rogativas se sacrificaban prisioneros vestidos como el numen y espacialmente niños.”

“La máscara característica de Tláloc está pintada de azul, el color del agua, como casi todos los atavíos de este dios, y representa la nube. El cuerpo y el rostro están generalmente pintados de negro, porque Tláloc representa principalmente la nube tempestuosa; en cambio, las nubes blancas están indicadas por el tocado de plumas de garza, aztatzontli, que lleva en la parte superior de la cabeza.

En la representación que reproducimos aparece llevando en una mano un bastón florido y sentado en un asiento de jade: gotas de agua que caen del cielo forman un fondo. (...) sobre su cabeza se destaca una joya que remata en dos plumas de quetzal, y que era llamada el quetzalmiahuayo, “la espiga preciosa”, denotando el maíz que depende tan estrechamente del dios de las lluvias.7


Xochipilli y Xochiquetzal


Xochipilli
Códice Magliabecchi 23

Entre los aztecas, dioses de las flores, la danza, la música y el canto, las diversiones y los juegos. El nombre del primero significa "Príncipe de las Flores".
Su aspecto femenino es llamado Xochiquetzal, nombre que significa "pluma florecida", (o ave florecida) esposa de Tláloc (dios de la lluvia) y patrona de las cortesanas y la danza.



Xochiquetzal
Códice Borbónico, pág. 17

Esta última era invocada por las mujeres que querían tener hijos, y se le ofrecían en sacrificio muchas jóvenes. Xochiquetzal es también vista como diosa de la renovación generadora.

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Quetzalcóatl


Quetzalcóatl barbado
Códice Magliabechi 61

El dios más importante del panteón mesoamericano. Héroe fundador es también el patrón de todas las ciencias y artes. Su nombre significa serpiente emplumada y sus atributos, las alas y la serpiente, son propias de lo que vuela y lo que repta. Su hermano gemelo es Xólotl, que en los códigos aparece pintado de negro para significar el aspecto oscuro del héroe.



Xólotl
Códice Borgia pág. 40

Cóatl quiere decir a su vez gemelo (en la actualidad en México y Guatemala se llama cuate al íntimo amigo) y también significa serpiente, siendo el Quetzal de su nombre un ave mítica cuyas verdes plumas eran apreciadísimas en México y las traían desde Guatemala donde figura en su escudo patrio y es el ave nacional.

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Y para terminar con este recorrido por el panteón de los toltecas, ofrecemos un ejemplo de la complicada indumentaria con la que son representados los dioses de estas tradiciones mesoamericanas, citando la descripción de Quetzalcóatl en la representación del Códice Borbónico según Alfonso Caso en su libro El pueblo del Sol:



Quetzalcóatl
Códice Borbónico 22

El cuerpo y el rostro del dios están pintados de negro, porque es el sacerdote por excelencia, y el inventor del autosacrificio que consiste en sacarse sangre de las orejas y otras partes del cuerpo, punzándolas con las espinas de maguey y con punzones de hueso de águila o jaguar. Por eso vemos en su tocado un hueso, del que sale una faja verde rematada por un disco azul, que indica el chalchíuatl, “el líquido precioso”, la sangre humana. También, como atributos sacerdotales, lleva con una mano el incensario o sahumador con mango en forma de serpiente, y la otra, la bolsa para el copal.

Enfrente de la boca tiene una máscara roja, como de pico de ave, que en algunas representaciones está también adornada con colmillos de serpiente. Esta máscara la caracteriza como dios del viento, forma en la que era adorado con el nombre de Ehécatl, que significa viento.

En la cabeza lleva un gorro cónico de tigre, llamado ocelocopilli, rematado también por un adorno de turquesa y sosteniendo con un moño de puntas redondas. De piel de tigre son, asimismo, el peto orlado de caracoles, las pulseras y las ajorcas. Su pectoral está formando por el corte transversal de un gran caracol marino, el ehecailacacózcatl o pectoral del viento, y su orejera en un disco de turquesa del que cuelga una borla roja y un objeto torcido de concha, que se llama epcololli, “concha torcida”.

En la nuca lleva un penacho en el que se distinguen las plumas negras del cuervo y las largas plumas rojas de la guacamaya, adorno que, como se ve en una representación del Códice Borgia, significa el Sol en la noche, es decir, el Sol muerto.”




NOTAS
1 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2 Informantes de Sahagún, Códice Matritense de la Real Academia, fol. 191 r. y v., re.
3 Miguel León-Portilla, Los Antiguos Mexicanos a través de sus crónicas y cantares. Fondo de Cultura Económica, México, 2005.
4 Miguel León Portilla, La Filosofía Náhuatl. Cita del Códice Florentino AP I, 16.
5 Ver René Guénon, “El Jabalí y la Osa”, cap. XXIV de Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada.
6 Alfonso Caso, El pueblo del Sol, figuras de Miguel Covarrubias. Fondo de Cultura Económica, México, 1978.
7 Ibíd.